El pasado jueves finalizó el ciclo de jornadas “Hoy más que nunca, memorias en disputa: Archivos, derechos y tecnologías para narrar el pasado reciente”, iniciativa que significó un espacio de encuentro entre la academia y organizaciones sociales para reflexionar colectivamente sobre las memorias del pasado reciente en Uruguay.
Organizadas por las distintas unidades académicas del Prorrectorado de Extensión de la Universidad de la República (Udelar) y el Archivo Sociedades en Movimiento, las jornadas convocaron a más de un centenar de personas para debatir y problematizar las desigualdades en la construcción de memorias, con especial interés en las experiencias y aportes históricamente relegadas, al incorporar memorias feministas y disidentes, afro e indígenas y territoriales, además de recuperar claves del trabajo en Derechos Humanos.
Las temáticas fueron tratadas en varios formatos, que incluyeron charlas, talleres y mesas así como la presencia de tres conferencistas centrales: las historiadoras Vera Carnovale y Celina Flores, y la socióloga Elizabeth Jelin.
La apertura de las jornadas, desarrollada el martes 23 de junio en la Casa de la Memoria Ciudadana, estuvo a cargo de Carnovale, quien expuso sobre archivos, disputas y la necesidad de una “mirada crítica” sobre las izquierdas. En su disertación, la investigadora analizó el papel que han desempeñado los archivos en la construcción de la historiografía sobre las izquierdas y el pasado reciente, así como los desafíos que enfrentan actualmente quienes investigan las experiencias revolucionarias de las décadas de 1960 y 1970.
Celina Flores: desafíos del acceso a los archivos en tiempos de inteligencia artificial y negacionismo
La conferencia central de la segunda jornada estuvo a cargo de Celina Flores, coordinadora del área de Patrimonio Documental de Memoria Abierta, asociación articuladora de los organismos históricos de Derechos Humanos en Argentina. La conferencista expuso su visión sobre los dilemas del acceso a la documentación sobre violaciones de Derechos Humanos en tiempos de negacionismo e Inteligencia Artificial.
En su presentación, Flores detalló las distintas dimensiones respecto a “qué se habla cuando se habla de archivos”, como un terreno de constante disputa política y archivística que va “mucho más allá de la mera consulta de documentos”. Asimismo, la investigadora señaló que el acto de brindar acceso a expedientes sensibles, denuncias y documentos, requiere de un “marco normativo estricto”, y que la carga de la decisión no descanse sobre el “criterio espontáneo del archivista”.
Por otra parte, la investigadora relató las distintas coyunturas históricas que marcaron la evolución de la doctrina internacional sobre el acceso a los archivos de regímenes dictatoriales y represivos. Primero, la situación de posguerra mundial, que definió el rol político de los archivos como evidencia jurídica en el marco de las investigaciones del Holocausto. Luego, la Posguerra Fría, atravesada por la apertura de archivos del Bloque Soviético, así como regímenes de América Latina y África. Finalmente, el paradigma iniciado luego de los 2000, que concibe el acceso a los archivos como un derecho inalienable.
Flores presentó como caso paradigmático el hallazgo en el año 2000 del archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, evento que marcó un hito en la desclasificación masiva de documentos. La identificación y descripción de los fondos documentales implicó un trabajo de más de diez años para recomponer los códigos de la represión. Asimismo, la investigadora señaló los “dilemas centrales” del acceso, que son aquellas “tensiones irresueltas” entre la verdad colectiva, el Estado y la intimidad de las personas”.
Finalmente, Flores abordó los desafíos que plantean el desarrollo de la inteligencia artificial y el avance de discursos negacionistas para la gestión de archivos de derechos humanos. Si bien reconoció el potencial de las herramientas de procesamiento automatizado para facilitar la organización y recuperación de grandes volúmenes documentales, la historiadora advirtió que estas tecnologías no sustituyen el trabajo archivístico ni la investigación histórica contextualizada.
La investigadora remarcó que el fortalecimiento del acceso a los archivos constituye una herramienta fundamental para enfrentar la desinformación y las narrativas que buscan relativizar las violaciones a los derechos humanos. “El control de la información sigue siendo una poderosa herramienta de disputa política y memoria en el presente“, sostuvo Flores.
Elizabeth Jelin: los dilemas éticos entre archivos personales, la memoria y la investigación
La socióloga argentina Elizabeth Jelin eligió partir de una experiencia personal para reflexionar sobre el valor de los archivos familiares y las tensiones éticas que atraviesa toda investigación sobre el pasado. En la conferencia de cierre de las jornadas, la investigadora propuso pensar los archivos como espacios vivos, atravesados por afectos, silencios y disputas de sentido.
Al comenzar su intervención, Jelin presentó un trabajo en curso que definió como un ejercicio situado en el cruce entre su experiencia personal, la historia argentina, la historia mundial y las ciencias sociales. Ese recorrido la condujo a un archivo familiar compuesto por una pequeña valija de cuero repleta de cartas y fotografías heredadas de su madre. Allí encontró la correspondencia que mantuvieron sus padres antes de casarse, cuando ambos eran jóvenes migrantes judíos provenientes de Europa del Este. Ese conjunto documental, explicó, se convirtió en el punto de partida para indagar las relaciones entre migraciones, memorias e historias familiares.
La investigadora relató cómo una estadía académica en Berlín, hace más de quince años, modificó el rumbo de su proyecto. Impactada por la fuerte presencia de memoriales sobre el nazismo en la ciudad alemana, se propuso «descentrar el centro», es decir, observar esa historia desde otros lugares y otras experiencias.
A partir de una carta escrita en 1930 por quien luego sería su padre, Jelin reconstruyó la mirada de un joven inmigrante que describía a la selva misionera, el trabajo de los colonos y las costumbres locales. Esa correspondencia, explicó, permite comprender cómo los grandes procesos históricos se encarnan en experiencias individuales.
«Creo que las cartas permiten apreciar cómo los grandes procesos históricos se encarnan en biografías singulares y afectan de modo profundo la vida de los sujetos que comparten sus impresiones y sus sentimientos», afirmó. En ese sentido, sostuvo que el verdadero valor de estos documentos no reside únicamente en la información que contienen, sino también en las sensibilidades y formas de percibir el mundo que transmiten.
Jelin destacó además la importancia de considerar la dimensión material de las cartas manuscritas, a diferencia de los mensajes digitales contemporáneos. «La carta manuscrita tiene dos caras: por un lado todo lo que transmite en forma de palabras y, por el otro, la materialidad dada por el papel y el lápiz o la tinta. El pedazo de papel manuscrito es un objeto en sí mismo, cargado de historicidad», explicó.
La investigadora reconoció que durante mucho tiempo utilizó fragmentos de cartas en sus trabajos sin detenerse a reflexionar sobre quién era realmente el propietario de esos documentos. Esa inquietud cobró fuerza cuando una familiar cuestionó la posibilidad de publicar aspectos íntimos de personas fallecidas que nunca imaginaron que esas cartas serían leídas como documentos históricos.
La conferencia también abordó las tensiones que aparecen cuando los archivos personales ingresan en instituciones públicas. Jelin recordó que donó su archivo de investigación a la Biblioteca Nacional argentina, pero decidió conservar la valija con las cartas familiares. Esa decisión respondió a la dificultad de establecer límites claros entre el patrimonio documental y el ámbito privado, un problema que, según indicó, también aparece en archivos de militantes políticos, sindicales o de derechos humanos.
Otro de los ejes de su exposición fue el lugar que ocupa quien investiga dentro de la producción de conocimiento. Frente a la tradición académica de escribir “en tercera persona”, Jelin reivindicó la importancia de reconocer el “carácter situado” de toda investigación. «Mis preguntas están ancladas y atravesadas por mi experiencia de vida, la vida en familia, mi trayectoria académica, mis conceptos y también mucho de mis memorias», afirmó.
Como cierre, Jelin propuso pensar los archivos no como depósitos estáticos de documentos, sino como espacios en permanente construcción, donde cada nueva lectura produce sentidos diferentes. «Quiero estimular a que alguien se interese, lea o mire lo que yo hago para encontrar misterios y revelaciones, enigmas y ambigüedades. Siento que las palabras y conceptos no alcanzan, porque muchas veces cristalizan lo que en realidad son movimientos, circulaciones y flujos.», expresó Jelin. A modo de cierre, expresó: «Vuelvo a mi imagen inicial. Entrelazamientos, tramas y telas, o más marañas. Y me pregunto cómo pensar un archivo vivo».




