El 11 de setiembre, el Campus Universitario Luisi Janicki: pioneras universitarias fue sede de una conversación con la antropóloga argentina Rita Segato, convocada por el Prorrectorado de Extensión y el Comité de Calidad con Equidad de Género del Campus. El encuentro se realizó de forma presencial en el salón polifuncional 1 del edificio Clotilde, con la participación de Segato en modalidad virtual.
La actividad tuvo como punto de partida el intento de feminicidio ocurrido el 1 de setiembre en la Facultad de Medicina (Fmed) y las resoluciones adoptadas por el Consejo Directivo Central de la Universidad de la República (Udelar) los días 1 y 9 de ese mes, que encomendaron a los distintos servicios desarrollar estrategias para el abordaje de situaciones de violencia, acoso y discriminación.
La conversación buscó, además, poner en común el recorrido de la Universidad en materia de institucionalidad de género y los dispositivos existentes para abordar estas situaciones. La propuesta estuvo dirigida especialmente a integrantes de la Unidad Central sobre Violencia, Acoso y Discriminación (UCVAD), la Comisión Abierta de Equidad de Género (CAEG), la Comisión Central de Cuidados, el Observatorio para la Igualdad de Género, la Red de Extensión, los Programas Integrales, las comisiones de género de los servicios, equipos técnicos y referentes VAD, autoridades y la comunidad universitaria en general.
Una institucionalidad con recorrido
La presentación de la instancia estuvo a cargo del Prorrector de Extensión, Miguel Olivetti, quien agradeció especialmente la presencia de Segato y celebró el interés que suscitó el encuentro entre la comunidad universitaria. A los asistentes que colmaron la sala, se le sumaron, vía virtual, más de 300 funcionarias y funcionarios de distintos servicios universitarios de todo el país.
Durante la apertura, Mariana Papadópulos, en representación del Comité de Calidad con Equidad de Género del Campus Luisi Janicki, destacó que la discusión sobre las situaciones de violencia, acoso y discriminación debe inscribirse en un proceso institucional que la Udelar viene desarrollando desde hace años.
En ese sentido, recordó la existencia de los distintos ámbitos centrales referidos a la temática, entre ellos la CAEG, UCVAD, Comisión Central de Cuidados, el Centro de Estudios Interdisciplinarios Feministas y la Red Temática de Género.
Papadópulos también hizo énfasis en la dimensión territorial de esta institucionalidad. Además de los ámbitos centrales, explicó, existe una red de trabajo que se despliega en los distintos servicios universitarios mediante equipos técnicos, referentes de violencia y discriminación, comisiones de género y otras herramientas vinculadas al Modelo de Calidad con Equidad de Género.
Esta dimensión fue uno de los elementos que permitió situar la conversación con Segato no solamente como una respuesta ante una situación puntual, sino también como parte de un proceso más amplio de construcción de capacidades institucionales para prevenir y abordar las distintas formas de violencia.
Posteriormente, la asistente académica Agustina Castelli narró las principales reacciones del orden estudiantil frente al intento de feminicidio, así como presentó propuestas para el abordaje integral de las violencias en toda la Udelar. La docente del Prorrectorado de Extensión Gabriela Veras Iglesias reflexionó sobre el acontecimiento y compartió con Segato algunas preguntas iniciales para fomentar el diálogo desde una perspectiva situada.
El patriarcado como una relación de poder
En su intervención, Segato tomó como punto de partida el intento de feminicidio ocurrido en la Facultad de Medicina y planteó preguntas sobre las relaciones de poder que podían estar involucradas en el caso. Entre otras cuestiones, se preguntó por las posiciones sociales y trayectorias dentro de la carrera universitaria de las personas involucradas en el caso.
A partir de allí, desarrolló una de las ideas centrales de su exposición: entender el patriarcado como una estructura de poder y no como una cuestión exclusivamente vinculada con la moral, las costumbres o la religión. “Yo suelo decir que el patriarcado es una relación de poder, y por lo tanto no es ni una moral, ni una religión, ni una costumbre: el patriarcado es un orden político”, afirmó.
Para Segato, esta perspectiva permite comprender que las distintas manifestaciones de violencia contra las mujeres forman parte de relaciones de poder más amplias. En ese marco, sostuvo que las instituciones universitarias tienen un papel relevante en la construcción de herramientas que permitan visibilizar esas relaciones y sus consecuencias.
La antropóloga cuestionó la interpretación de las agresiones sexuales como hechos vinculados exclusivamente al deseo o a la dimensión moral. “La violación no es un crimen moral, es un crimen plenamente político, porque es un crimen de poder”, señaló. En su exposición vinculó esa dimensión con determinadas formas de construcción de la masculinidad y con la relación entre erotismo, dominación y exhibición de poder.
La pedagogía de la crueldad y la vida cotidiana
Otro de los conceptos abordados durante la conversación fue el de “pedagogía de la crueldad”. Segato explicó que utiliza esta categoría para referirse a procesos que disminuyen la capacidad de empatía y vuelven a las sociedades menos sensibles frente al sufrimiento de otras personas. Según explicó, se trata de observar cómo se modifica la sensibilidad social frente a la violencia y cómo aumenta la tolerancia ante determinadas formas de crueldad.
Para desarrollar esta idea recurrió a dos ejemplos: su propia experiencia al reencontrarse con la película La naranja mecánica, cuya violencia había generado una fuerte reacción décadas atrás, y la trayectoria de Chelsea Manning.
Manning es una exanalista de inteligencia del Ejército de Estados Unidos que fue condenada por filtrar a WikiLeaks documentos y registros militares clasificados sobre las guerras de Irak y Afganistán. Segato retoma su caso para reflexionar sobre la relación entre violencia, sensibilidad y empatía. A partir de su experiencia durante la guerra, Manning habría atravesado, según explicó la antropóloga, un proceso de transformación en su percepción del sufrimiento y posteriormente también en términos de género.
A partir de estos ejemplos, definió la pedagogía de la crueldad como “todo lo que nos encallece, todo lo que disminuye nuestra empatía, todo lo que nos lleva a no sentir el sufrimiento del otro”.
Hacia el final de su intervención, Segato llevó esta reflexión al terreno de las relaciones cotidianas y de la acción política. Diferenció entre la política institucional y aquello que denomina “lo político”, entendido como las relaciones que se desarrollan en el contacto directo entre las personas.
En ese sentido, cuestionó la separación entre las grandes transformaciones políticas y las relaciones interpersonales. “La política, si no se cambia en la dimensión pie a tierra, cuerpo a cuerpo, palabra a palabra, cara a cara, mano a mano, o sea, en la vida misma, la historia no va a cambiar de rumbo”, sostuvo.


























