Este 23 de junio comenzaron las jornadas “Hoy más que nunca: memorias en disputa. Archivos, derechos y tecnologías para narrar el pasado reciente”, organizadas por el Prorrectorado de Extensión de la Universidad de la República (Udelar) y el Archivo Sociedades en Movimiento (ASM). La instancia, desarrollada en la Casa de la Memoria Ciudadana, contó con la presencia de investigadoras e investigadores ,y militantes de organizaciones sociales vinculadas al archivo y estudio del pasado reciente.
En la apertura de la actividad, el prorrector de Extensión de la Udelar, Miguel Olivetti, celebró la concreción de una instancia que, señaló, surge del trabajo impulsado por el Prorrectorado de Extensión junto a distintos espacios universitarios vinculados a las memorias, los derechos humanos y los archivos. En ese marco, destacó la articulación entre la Unidad Académica de Extensión, el ASM, el repositorio Luisa Cuesta y los programas integrales de la Udelar. “Para nosotros estas jornadas que inician ahora son un momento importante en un camino que queremos recorrer juntos y con muchas acciones”, afirmó.
Olivetti sostuvo además que la propuesta se inscribe en una concepción de la extensión universitaria basada en el diálogo con organizaciones sociales y actores territoriales, y no en una lógica de transferencia unilateral de conocimientos. “No estamos pensando en una universidad que transfiera conocimiento, que vaya a asistir a las organizaciones o al medio. Estamos pensando en este tipo de encuentros dialógicos que nos permitan construir y construirnos entre todas y todos”, expresó. En ese sentido, señaló que las jornadas representan “un momento sumamente importante” para la actual gestión y convocó a participar de las actividades previstas en los días siguientes.
Por su parte, el coordinador del ASM, Diego Sempol señaló que la realización de las jornadas en estas fechas buscó enmarcarse en la proximidad de una nueva conmemoración del golpe de Estado del 27 de junio y, a la vez, responder a un contexto regional e internacional. “Estamos en un escenario muy complejo a nivel internacional y regional. La democracia está en disputa, y el paradigma de los derechos humanos está más que nunca cuestionado e interpelado”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que las disputas sobre la memoria no remiten sólo a la interpretación del pasado, sino también a los horizontes políticos del presente: “Hoy más que nunca esas disputas tienen que ver con qué futuro estamos imaginando y qué relación tiene con la idea de democracia que tenemos”.
Sempol explicó además que uno de los objetivos de las jornadas fue visibilizar y poner en diálogo los múltiples trabajos sobre memoria y derechos humanos que se desarrollan en la Udelar, desde diversas perspectivas y territorios. En ese sentido, destacó la importancia de “mapear y generar una foto de los debates sociales actuales y empezar a tratar de pensar colectivamente asuntos más globales”. También subrayó el carácter colectivo de la organización, que involucró a distintos servicios universitarios y espacios de trabajo, y valoró el aporte de equipos como el PIM, el APEX, ASM y el Grupo de Estudios sobre las Izquierdas.
Conferencia inaugural: Archivos e historiografía de las izquierdas
La historiadora argentina Vera Carnovale analizó el papel que han desempeñado los archivos en la construcción de la historiografía sobre las izquierdas y el pasado reciente, así como los desafíos que enfrentan actualmente quienes investigan las experiencias revolucionarias de las décadas de 1960 y 1970.
La investigadora reflexionó sobre la relación entre memoria, historia, justicia y política a partir de su propia trayectoria y de experiencias colectivas vinculadas a la construcción de archivos documentales en Argentina. Según explicó, buena parte de quienes comenzaron a estudiar el pasado reciente lo hicieron impulsados por una “clara voluntad de intervenir en la cultura política”
Carnovale recordó que el campo de estudios sobre el pasado reciente comenzó a consolidarse en Argentina a comienzos de los años 2000 y que desde sus orígenes mantuvo un estrecho diálogo con organizaciones de derechos humanos, actores judiciales y otros espacios ajenos al ámbito académico. La historiadora sostuvo que esa “convergencia” contribuyó a la construcción de un “espacio común” para abordar las experiencias de violencia política y terrorismo de Estado.
Archivos para escribir la historia de las izquierdas
Durante su intervención, la investigadora destacó especialmente el papel del Centro de Documentación e Investigación de las Culturas de Izquierda (CEDINCI), institución de cuya construcción participó y que definió como un emprendimiento colectivo orientado a preservar y poner a disposición pública materiales fundamentales para el estudio de las izquierdas argentinas.
Recordó que uno de sus fundadores, Horacio Tarcus, sintetizó el sentido del proyecto con una frase: “La historia de las izquierdas no tiene quien la escriba”. Con ello hacía referencia a la ausencia de acervos documentales que permitieran investigar la historia de las izquierdas más allá de la narrativa tradicional centrada en partidos, dirigentes y congresos, explicó Carnovale.
En este sentido, el CEDINCI buscó ampliar la mirada hacia una diversidad de actores y movimientos sociales. La investigadora destacó que desde su origen el proyecto se concibió como un espacio dedicado a las “culturas de izquierdas”, que engloba no solamente a corrientes políticas como el socialismo, el comunismo, el anarquismo o las nuevas izquierdas, sino también movimientos obreros, estudiantiles, feministas, de derechos humanos y de diversidad sexual.
Según explicó, el propio desarrollo material del archivo fue resultado de esfuerzos colectivos. Por ejemplo, el primer fondo documental del CEDINCI fue adquirido mediante aportes económicos de investigadores e historiadores que organizaron una colecta para rescatar materiales que se encontraban abandonados.
La historiadora señaló que la preservación, sistematización y apertura al público de estos materiales permitió ampliar las posibilidades de investigación sobre las izquierdas y renovar los enfoques historiográficos. Gracias a esos acervos, fue posible estudiar no solo estructuras organizativas y programas políticos, sino también lenguajes, identidades, prácticas culturales, trayectorias militantes e imaginarios colectivos.
Carnovale situó un segundo momento de impulso para este campo en el ciclo político iniciado con los gobiernos kirchneristas en Argentina. Según explicó, las políticas de memoria, verdad y justicia, la apertura de archivos de la represión y la ampliación del sistema científico contribuyeron a consolidar el estudio del pasado reciente y de las organizaciones revolucionarias de los años 60 y 70.
Ese proceso no sólo favoreció la producción de investigaciones, muestras y materiales de divulgación, sino también la participación de historiadores e historiadoras en causas judiciales por crímenes de lesa humanidad, contexto en el que los archivos volvieron a ocupar un lugar central.
Para ilustrarlo, Carnovale compartió una experiencia personal vinculada al juicio por la Masacre de Trelew, en el que fue convocada como testigo de contexto. Allí relató cómo un documento olvidado, rescatado gracias a una cadena de entrevistas, donaciones y trabajo archivístico, terminó siendo relevante para enmarcar el fusilamiento de presos políticos de 1972 como crimen de lesa humanidad. “Me parece hermoso, porque son muchas las cadenas de solidaridad y son muchas las manos que participan finalmente de una escena de justicia, de conocimiento, de memoria”, expresó.
Los desafíos de una historia crítica
La historiadora abordó algunos debates contemporáneos sobre las memorias del pasado reciente y cuestionó, en particular, la consolidación de relatos que, según sostuvo, tendieron a presentar de manera celebratoria las experiencias de las organizaciones revolucionarias armadas.
A su entender, determinados aspectos de esas experiencias, como las ejecuciones selectivas o los secuestros extorsivos realizados por organizaciones insurgentes, quedaron relegados o escasamente abordados por parte de la historiografía. “La mayoría del campo historiográfico ha decidido guardar silencio sobre estos temas”, afirmó.
Según explicó, esos silencios generaron vacíos interpretativos que posteriormente fueron ocupados por otros actores políticos y sociales en las disputas por la memoria. Para la investigadora, la falta de una reflexión crítica sobre determinados episodios dificulta la comprensión integral de los procesos históricos y puede favorecer lecturas simplificadas del pasado.
En ese marco, también analizó los debates judiciales abiertos en Argentina sobre delitos cometidos por organizaciones armadas y las iniciativas impulsadas por sectores políticos que buscan equiparar esas acciones con crímenes de lesa humanidad.
Carnovale sostuvo que estos procesos tienen un fuerte impacto simbólico y político y constituyen parte de las actuales disputas por el sentido del pasado reciente. A su juicio, los archivos, la memoria y la historiografía continúan siendo terrenos de confrontación en las sociedades contemporáneas.
Como cierre de su conferencia, la investigadora resaltó la necesidad de mantener una mirada crítica sobre las propias tradiciones políticas e historiográficas. En un contexto “reivindicador del accionar represivo ilegal” que describió como “difícil” para las políticas de memoria y para las instituciones dedicadas a preservar archivos históricos, planteó que el principal reto ya no es la ausencia de fuentes documentales. “La historia de las izquierdas, si no tiene quien la escriba, no es por falta de archivos. Es por falta de audacia crítica”, concluyó. Para cerrar su exposición retomó una idea de la ensayista Beatriz Sarlo: lo único que define finalmente la identidad de izquierda, es que se aferra al pensamiento crítico.
















Conocé las actividades de los próximos días:




