El Repositorio Luisa Cuesta se prepara para recibir nuevos documentos sobre la dictadura que serán de libre acceso y podrán usarse para investigaciones

Aproximadamente 2.000.000 de imágenes con información generada por la dictadura uruguaya pueden encontrarse en el Repositorio Luisa Cuesta, que se encuentra en el Campus Luisi Janicki: pioneras universitarias. Desde el espacio facilitan el acceso a la documentación y orientan a las personas que quieran visitarlos.

«Es una necesidad imperante de la sociedad poder acceder a esa información», afirmó Fabián Hernández, responsable técnico del repositorio Luisa Cuesta. La importancia del lugar radica en la posibilidad de «poder encontrar, en una búsqueda eficaz, toda la información reunida sobre un asunto, un tema, una persona, un familiar desaparecido» que fue producida durante la dictadura y sus años previos.

En ese sentido, valoró que la posibilidad de localizar información sobre la temática a partir de herramientas tecnológicas “es lo que quiere cualquier investigador, pero también cualquier persona que simplemente desea conocer qué pasó durante ese período». El Repositorio, que está dentro de la órbita de la Comisión Sectorial de Extensión y Actividades en el Medio de la Universidad de la República (Udelar), abrió sus puertas el 21 de junio de 2023 en el Campus Luisi Janicki para todas las personas interesadas en conocer documentos sobre pasado reciente.

En conmemoración del primer año de actividades, Hernández, que también es docente de la Licenciatura en Archivología de la Facultad de Información y Comunicación, y Natalia Lima, que es archivóloga y asistente técnica del Repositorio, hablaron sobre el trabajo que realizan, cómo está compuesto el acervo digital, cómo acceder a él y los objetivos que tienen a futuro.

La base documental con la que empezó a trabajar el Repositorio está compuesta en gran parte por las imágenes digitalizadas que conforman el llamado Archivo Berrutti, una colección de documentos militares de la dictadura desclasificados en 2006. Entre las imágenes, por ejemplo, se pueden encontrar datos sobre operativos y detenidos.

Hernández planteó que los próximos proyectos tienen que ver con las nuevas colecciones de archivos que llegarán en el futuro y que esperan que esto se traduzca en un aumento en la cantidad de usuarios. Manifestó que esos documentos, que están siendo procesados en la Facultad de Ingeniería de la Udelar, son importantes para la reconstrucción de casos vinculados al terrorismo de Estado y para investigaciones.

Lima indicó que entre esos archivos está la documentación que el Cuerpo de Fusileros Navales de la Armada Nacional (FUSNA) generó durante el periodo estudiado, los legajos de los detenidos desaparecidos, la imágenes digitalizadas de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) y «una brevísima parte de lo que es el archivo Castiglioni que no está bajo reserva de ley». Varios de estos archivos se incorporan en el marco del convenio entre la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo y la Udelar. También provienen de terceros que expresan el interés en donar colecciones al Comité de Coordinación del Repositorio.

El espacio está abierto a todo público de lunes a viernes de 8:00 a 16:00, contó Lima, que se encarga de recibir a las personas interesadas en los archivos. Para acceder a la información que está disponible en el Repositorio se puede asistir presencialmente o contactarse por teléfono o correo electrónico. Ante la solicitud, se otorga un formulario en el que se debe indicar datos que son utilizados para un segundo documento, que es un compromiso en el que las personas usuarias se hacen responsables del uso que le dan a la información y de referenciar al Repositorio.

El compromiso de responsabilidad es acompañado por documentos que explican cómo se aplica la normativa que rige al Repositorio, particularmente en materia de acceso a la información pública y protección de datos personales. Para más información sobre este punto, existe un reglamento específico que indica cómo es el funcionamiento.

“Una vez esos dos documentos están firmados, desde ingeniería realizarán el usuario para las plataformas que allí gestionamos”, comentó Lima. Para buscar información, las y los usuarios acceden a la plataforma desde una computadora del repositorio de forma presencial, buscan las imágenes que quieren y se las “pueden llevar impresas o en formato digital”, explicó.

El archivo cuenta con un entorno de 2.000.000 de imágenes que, sin embargo, no deben confundirse con el número de documentos, ya que un documento puede estar compuesto por más de una imagen, aclaró Lima. Aunque destacó la importancia de esta documentación, contó que también le explica a los usuarios del Repositorio que «no se van a encontrar con la verdad».

En ese sentido, planteó que atrás de la elaboración de documentos hubo «gente que le erró o que tenía otros intereses. Desde la persona más baja en el escalafón del apartado militar. Esta no es la historia de la verdad, es una historia superficial que muchas veces se hacía porque se necesitaba justificar algún tipo de accionar militar con documentación». Eso llevó a que personas que visitaron el archivo para conocer qué información hay sobre sí mismas se encontraran con datos incorrectos o información de cosas que nunca hicieron.

Hernández añadió que las visitas enriquecen la información con la que se cuenta, ya que los testimonios subjetivos de las personas que vivieron las consecuencias del terrorismo de Estado sirven para complementar los datos que aportan los documentos militares. Con el objetivo de acumular esa información testimonial, se creó un campo de información que almacena los relatos subjetivos, que funcionan como complemento de los documentos.

Destacó el valor del repositorio porque orienta al usuario sobre cómo utilizar las herramientas y para entender el contexto en que se generó la información que busca. Por esa misma línea, indicó que se trabaja en el desarrollo de productos descriptivos archivísticos de carácter informativo sobre las colecciones que se van integrando al Repositorio.

Lima señaló que el Repositorio usa dos plataformas digitales para gestionar la información: Luz y Amalia. La primera es una plataforma «puramente de búsqueda» con una lógica «igual a Google». A partir de la búsqueda de determinados términos la plataforma devuelve imágenes relacionadas.

Hernández comentó que el trabajo de transcripción de los textos que aparecen en las imágenes fue desarrollado a partir de un programa de reconocimiento óptico de caracteres (OCR por sus siglas en inglés). Eso permite que el motor de búsqueda identifique y seleccione las imágenes que responden a cada pedido. Este trabajo implicó el uso de herramientas de inteligencia artificial y fue obra de integrantes de la Facultad de Ingeniería.

Para poder llegar a ese resultado, hay un trabajo previo de Ingeniería que consiste en enderezar imágenes, cambiar el brillo, contraste y tonos de grises para que el OCR pueda hacer una transcripción de mayor calidad. La precisión es fundamental para que las búsquedas que se hagan a través de Luz permitan acceder a la documentación requerida.

Por otra parte, Amalia «es una plataforma de modelos de relación». Lima comentó que, de momento, “no maneja el universo total de Berrutti, está hecha con una porción que permite relacionar cualquier tipo de entidades, ya sean nombres, lugares, personas, instituciones, y obtener con diferente nivel de frecuencia el relacionamiento entre ellas”.