La Universidad de la República (Udelar) realizó el 1.º de junio en el Campus Luisi Janicki: pioneras universitarias la primera actividad del Ciclo “Acciones para una Universidad Antirracista”, una iniciativa impulsada por los Prorrectorados de Enseñanza y Extensión para promover el intercambio, la reflexión y la construcción colectiva en torno a las desigualdades étnico-raciales.
La propuesta se enmarca en el compromiso institucional asumido por la Udelar al declararse Universidad Antirracista y forma parte de las actividades del Mes de la Afrodescendencia. El encuentro con docentes es el primero de un ciclo que se propone poner en diálogo al orden docente, el estudiantil y al movimiento afrouruguayo, y que se desarrollará a lo largo de todo este año.
Un siguiente encuentro, el 30 de junio, convocó a estudiantes afro bajo la consigna “Nos tenemos: trayectorias, afro, permanencia y comunidad”, orientado a compartir experiencias y reflexionar sobre los desafíos de las trayectorias educativas, así como fortalecer redes de apoyo que contribuyan al acceso, la permanencia y el egreso en educación superior.
Por otra parte, el próximo 14 de julio se desarrollará un conversatorio virtual con la doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Conicet Anny Ocoró Loango, quien dialogará sobre el desafío de construir una educación superior antirracista y debatir sobre cómo debe desmontarse el racismo epistémico dentro de las universidades.
Pensar las desigualdades étnico raciales en la Universidad
Bajo el título “Pensando las desigualdades étnico-raciales desde la integralidad en la Udelar”, la jornada reunió a docentes, investigadores, estudiantes e integrantes de diversos programas universitarios que compartieron experiencias de enseñanza, investigación y extensión vinculadas a la afrodescendencia, así como los desafíos que aún persisten para incorporar una perspectiva antirracista en la vida universitaria. La actividad estuvo encabezada por Ana Karina Moreira, integrante del Instituto de Psicología de la Salud de la Facultad de Psicología y del Prorrectorado de Extensión.
Nicolás Robledo, del Prorrectorado de Extensión, repasó el trabajo desarrollado desde el Observatorio sobre Racismo y Xenofobia, un espacio surgido a partir de demandas de organizaciones afrodescendientes y gestionado conjuntamente entre la Universidad y actores sociales.
Robledo afirmó que existe “interés en mirar qué pasa dentro de la Udelar”, y recordó el relevamiento desplegado sobre la situación del estudiantado según ascendencia étnico-racial. También destacó experiencias desarrolladas en Rivera, Salto, y Cerro Largo, vinculadas a la memoria afro, la formación y las políticas afirmativas.
Sin embargo, advirtió que sostener estas iniciativas continúa siendo un desafío. “Nos encontramos con las debilidades propias institucionales de la Udelar; prácticamente herramientas y recursos, es muy difícil”, señaló. Para Robledo, uno de los objetivos centrales es lograr que el trabajo sobre la temática “no dependa necesariamente de los esfuerzos centrales o de extensión en particular”, sino que encuentre anclajes permanentes en distintos servicios universitarios.
Por su parte, la historiadora Ana Frega aportó una mirada retrospectiva sobre la incorporación de la afrodescendencia a la producción académica y a la enseñanza de la historia. Recordó que su acercamiento al tema surgió durante investigaciones sobre otros procesos históricos y que rápidamente constató la invisibilización de la población afrodescendiente en los relatos tradicionales.
“Verlos como sujetos oprimidos, como sujetos que resisten, incorporarlos a los procesos”, resumió al describir el cambio de perspectiva que orientó buena parte de su trabajo posterior. Frega sostuvo que durante décadas la enseñanza de la historia se concentró en la esclavitud y la abolición, dejando prácticamente ausente la experiencia posterior de las personas afrodescendientes.
También reivindicó iniciativas impulsadas desde la Universidad para ampliar este enfoque, como publicaciones sobre historia africana y afrodescendiente, programas de formación y acciones de recuperación patrimonial vinculadas a la memoria afro en Uruguay.
La articulación con organizaciones y colectivos fue otro de los temas recurrentes de la jornada. Florencia Egaña, integrante del Colectivo de Estudios Afrolatinoamericanos, relató experiencias desarrolladas junto a mujeres afro, jóvenes y comunidades afroreligiosas en distintos territorios del país.
“Somos las personas que vamos haciendo ese entramado, de ir a los lugares y empezar a trabajar y articular en ese territorio”, explicó. No obstante, reconoció que la tarea presenta múltiples dificultades. “Trabajar territorio no es tan fácil”, afirmó, en referencia a las tensiones entre las responsabilidades académicas y la construcción de procesos sostenidos junto a las comunidades.
Esa reflexión fue complementada por Fernanda Olivar, integrante de Progresa, quien señaló que muchas veces las dinámicas institucionales universitarias resultan difíciles de trasladar a otros contextos. Según explicó, incluso en territorios cercanos a Montevideo aparecen diferencias que obligan a revisar formas de trabajo y modalidades de vinculación.
“Nos pasó de querer trasladar esas buenas prácticas a territorios de la costa nomás, que ya era distinto”, comentó, destacando la importancia de reconocer las especificidades locales y evitar enfoques centralistas.
Julio Pereyra, integrante de un grupo de investigación vinculado a la temática, sostuvo que buena parte del trabajo realizado en los últimos años se ha concentrado precisamente en generar cambios dentro de la institución. “Si tenemos que pensar en un territorio, es la propia Udelar”, afirmó. En ese sentido, recordó la participación de diversos colectivos universitarios en la elaboración de la propuesta que derivó en la declaración de la Universidad como institución antirracista y destacó las articulaciones construidas con programas y servicios que trabajan en inclusión educativa y derechos humanos.
Desde la Unidad Central sobre Violencia, Acoso y Discriminación, Gabriela Pacci compartió la experiencia de revisión de la normativa institucional sobre discriminación y violencia. Explicó que la Universidad se encuentra atravesando un proceso de actualización de definiciones y herramientas para incorporar de forma más consistente una perspectiva interseccional.
“Hablar de todos estos puntos es todo el tiempo estar hablando de los desafíos”, señaló. Según explicó, la incorporación de enfoques críticos sobre racismo y desigualdades estructurales constituye un proceso relativamente reciente dentro de la institución.
Pacci destacó que uno de los principales retos consiste en superar la apariencia de neutralidad que suelen adoptar las organizaciones. “La tendencia de las instituciones, sobre todo jerárquicas y de larga data, muchas veces es difícil romper con esta mirada neutra”, sostuvo.
Por ello, remarcó la importancia de construir espacios de diálogo que permitan incorporar nuevas herramientas conceptuales y reconocer las múltiples formas que puede asumir la discriminación en la vida cotidiana universitaria.
Fernando Leguizamón, trabajador social afrodescendiente quien enfoca su investigacion sobre la criminalización de la población afrodescendiente, advirtió sobre la escasez de información disponible en Uruguay. No obstante, el investigador mencionó que existen una serie de estudios que muestran una sobrerrepresentación de personas afrodescendientes en contextos de privación de libertad.
El docente señaló además la necesidad de visibilizar formas cotidianas de discriminación que suelen pasar inadvertidas. “Cómo hacer visible esto mismo, los microrracismos, estas cosas que parecen invisibilizadas pero que en los hechos aparecen”, expresó.
Desde el Programa Integral Metropolitano (PIM), Carina Cassanelo reflexionó sobre el papel que desempeñan los territorios en la construcción de agendas universitarias. Explicó que muchas de las iniciativas vinculadas a memoria afro y acceso a derechos no surgieron desde la Universidad, sino a partir de demandas formuladas por organizaciones sociales, instituciones educativas y vecinos.
“No nos autoformamos hacia adentro de la universidad, sino mediante el encuentro con otros”, afirmó al referirse a los aprendizajes construidos junto a colectivos afrodescendientes. En su opinión, una de las principales carencias sigue siendo la formación específica de docentes y equipos universitarios en estas temáticas.
La jornada concluyó con un intercambio colectivo sobre los desafíos pendientes para consolidar una universidad antirracista. Entre ellos se destacan la necesidad de ampliar la formación de grado y posgrado, fortalecer la participación de organizaciones afrodescendientes en los procesos universitarios, generar mejores condiciones para el trabajo conjunto con actores sociales y revisar procedimientos institucionales que pueden transformarse en barreras para la participación real.
Robledo sintetizó parte de esa preocupación al señalar que muchas veces quienes desean impulsar proyectos vinculados al antirracismo se encuentran con limitaciones estructurales y escasas herramientas de formación específica. “El primer obstáculo es reconocer que no tenés herramientas para trabajar”, afirmó.
En esa línea, Ana Karina señaló que esto deja en evidencia que la transformación del racismo es un “proceso urgente”, que requiere “incomodar lo establecido, lo nombrado como neutro y universal” para ser capaces de transformar el racismo institucional y epistémico dentro de la Udelar.
A modo de cierre y síntesis, Moreira citó las palabras del profesor Valter Roberto Silvério, quien afirma: “Hablar de antirracismo implica asumir una postura activa. El antirracismo no es simplemente el rechazo subjetivo del prejuicio; exige práctica, responsabilidad y transformación institucional. Esto implica reconocer que la ideología de la supremacía blanca se transforma constantemente, dificultando la confrontación del racismo. Al mismo tiempo, es importante afirmar que el liderazgo en la lucha antirracista corresponde a las personas históricamente racializadas, especialmente al movimiento negro. El papel de las personas blancas, cuando se comprometen con esta causa, debe ser de acción crítica, responsable y solidaria, sin suplantar voces ni monopolizar el debate”.





















