Miguel Soler Roca (1922-2021): semblanza de un maestro

Antes de ser el Maestro Soler, Miguel Soler Roca fue un niño migrante que llegó a nuestras tierras junto a su familia, cuando tenía cuatro años de edad. Había nacido en Cataluña el 10 de abril de 1922, tierra a la que volvería por algunos años a finales del siglo XX, luego de una peripecia pedagógica que lo llevó a recorrer las profundidades olvidadas del continente latinoamericano, trabajando siempre por la causa de la educación y la justicia social. Falleció en Montevideo la tarde del 19 de mayo de 2021, dejando tras de sí una obra inmensa que lo transforma en uno de los grandes referentes históricos de nuestra pedagogía nacional.
De familia humilde, solía comentar que su educación comenzó con el ejemplo de esfuerzo y generosidad de su madre, Serafina Roca. En 1939 se graduó de maestro y comenzó a trabajar pocos años después. En 1945 participó de la creación de la Federación Uruguaya de Magisterio (FUM), en un contexto de gran efervescencia creativa del magisterio uruguayo, en particular en el área de la educación rural, en la cual Soler realizaría su trayectoria educativa, hasta constituirse en uno de los principales referentes en el área.
En 1943 y 1944 trabajó en la campaña de ganadería extensiva del norte uruguayo, más precisamente en Los Vázquez, departamento de Tacuarembó, siendo ésta su primera escuela. Desarrolló allí una intensa obra social y educativa en un contexto caracterizado por estructuras sociales y económicas de extrema pobreza, manifestadas en los rancheríos rurales. Sus testimonios acerca de los niños y sus familias son elocuentes. También su percepción acerca de las limitaciones de la educación y de la escuela en contextos particularmente difíciles cuyas causas económicas y políticas ratificaban la idea de que la escuela sola no puede. Este principio se reflejará en sus convicciones acerca de la politicidad y economicidad del hecho educativo y particularmente en los fundamentos, concepto y fines del Programa para Escuelas Rurales aprobado en el Congreso de Piriápolis de 1949. Junto a Julio Castro y otros grandes referentes de la época formó parte de la comisión redactora de dicho Programa, ubicando a la educación y sus límites en el contexto social, económico y político de los pueblos.
Tras un prolífico pasaje por la escuela rural de Colonia Concordia, en el departamento de Soriano, Miguel Soler concurre a los cursos de educación fundamental que se dictaban en el Centro Regional de Educación Fundamental para América Latina en Pátzcuaro, Michoacán, México. La formación que la UNESCO desarrollaba allí estaba destinada a trabajar con comunidades indígenas y campesinas en América Latina. Soler se sintió muy marcado por esa formación y por la realidad latinoamericana que años más tarde re-conocería de forma directa trabajando él mismo para la UNESCO. A su vuelta presenta la propuesta de un Primer Núcleo Escolar Experimental que a partir de 1954 lleva adelante en un conjunto de escuelas de la quinta sección del departamento de Cerro Largo.
Sobre la base de los principios de la educación fundamental pero también distanciándose en una versión matizada por la pedagogía rural uruguaya, lleva adelante una propuesta educativa y social dialógica con el medio, respetuosa de las manifestaciones culturales locales y tendientes a “ayudar a vivir mejor”. La experiencia motivó múltiples testimonios de Miguel Soler mientras se fue desarrollando y también con posterioridad a su abrupto cierre, llegando a las consideraciones de desagravio formuladas en su libro “Réplica de un maestro agredido” (Trilce, 2005).
Los acontecimientos políticos de 1960 y 1961 llevan a la renuncia de Soler y su equipo a la experiencia y el comienzo de fuertes mecanismos de resistencia por parte del magisterio rural. La primera y más fuerte manifestación de ello fue la creación del Instituto Cooperativo de Educación Rural (ICER) en 1961, institución que vino a suplir las carencias, omisiones y ninguneos que las políticas de entonces le habían comenzado a hacer a la educación rural. Comienza en esos tiempos los itinerarios de Soler por los medios rurales de América Latina con cargos de responsabilidad que llegarían hasta la dirección del CREFAL del que había sido su alumno.
En 1973, cuando se consuma el Golpe de Estado en Uruguay, las puertas del Uruguay se habían cerrado para Miguel Soler. La dictadura uruguaya se ensañó con la educación, y cientos de educadores y educadoras fueron perseguidos, marcharon a la cárcel y el exilio, o fueron destituidos e imposibilitados de ejercer su profesión bajo sospecha de subversión. El Instituto Cooperativo de Educación Rural (ICER), de cuya creación Soler había sido protagonista, fue clausurado. En 1978, el Comando General del Ejército Uruguayo publicó la obra “Testimonio de una nación agredida”, en la que acusaba a Soler de ser parte de la infiltración marxista en la enseñanza, entre otras acusaciones.
A partir de entonces, desde donde estuviera, Miguel Soler se constituyó en un infatigable luchador por la causa de los derechos humanos, la memoria y la justicia respecto a los crímenes del Terrorismo de Estado en Uruguay y América Latina. En particular, encabezó la búsqueda de su colega, compañero y amigo Julio Castro, secuestrado, asesinado y desaparecido por la dictadura uruguaya en 1977. Desde esa fecha, no hubo tribuna o actividad en la que participara, en que el Maestro no pronunciara su dolorosa (y para muchos, molesta) pregunta: “¿dónde está Julio Castro?”. La lucha por la verdad y la justicia se amalgamaron en su pensamiento pedagógico de la misma forma en que lo habían hecho su pensamiento sociológico y político, porque estaban hechos del mismo material humanista y ético. Por sus aportes en este terreno en 2016 le fue otorgado el “Premio Internacional Mario Benedetti a la Lucha por los Derechos Humanos y la Solidaridad”, por parte de la Fundación Mario Benedetti.
En 1982 se jubiló de su cargo en la oficina de UNESCO en París. Pero su vida de jubilado tuvo siempre una intensidad renovada, tanto en su Cataluña natal como después en nuestro país. Sus nuevos itinerarios por América Latina en los años de jubilación activa se terminan reflejando en 1996 en su libro Educación y vida rural en América Latina (FUM e Instituto del Tercer Mundo), una síntesis de la educación rural latinoamericana nunca antes lograda.
Volvió a Uruguay en 2005, en el contexto del cambio de gobierno, con el fin de colaborar con la organización del Debate Educativo organizado en el año 2006, de cuya Comisión Organizadora (CODE) fue integrante, y al que dedicó todos sus esfuerzos. En 2006 la Universidad de la República le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, en una ceremonia realizada en un Paraninfo atestado de estudiantes y educadores de varias generaciones que acompañaron y celebraron la distinción. En su recordado discurso, Miguel Soler repasó los vínculos que desde muy temprano lo unieron a la Universidad, desde la época de las Misiones Sociopedagógicas, destacando a “sectores de esta Universidad con los cuales los maestros rurales tendimos puentes de estrecha cooperación y mutuo aprendizaje: el Departamento de Extensión Universitaria, la Escuela Universitaria de Enfermería, las Facultades de Agronomía, de Medicina y de Arquitectura, entre otros. Esos contactos fueron manifestaciones precursoras de lo que hoy es una decidida política descentralizadora de nuestra universidad pública”.
Tanto como su andar y su quehacer pedagógico, su obra escrita es profusa, entre artículos, libros y compilaciones. Una revisión panorámica permite delinear su trayectoria: cada misión, experiencia o viaje del Maestro, daba lugar a un nuevo texto de sistematización, reflexión y proyección. La escritura como necesidad imperiosa para afirmar las experiencias a través del pensamiento socializado, procurando proyectarlas más allá del caso concreto, apostando a la organización colectiva de los proyectos pedagógicos. Una enumeración de sus libros (sin considerar su participación en obras colectivas) debería incluir: “5 años de Educación Rural en La Mina” (La Mina, 1960); “Uruguay: Análisis crítico de programas escolares de 1949, 1957 y 1979” (Barcelona, 1984); “Educación: Problemas, Tendencias, Experiencias” (en coautoría con Roque Faraone, Montevideo, 1987); “Educación y vida rural en América Latina” (Montevideo, 1996); “Dos visiones antagónicas de la educación desde la atalaya internacional” (Barcelona, 1997); “El Banco Mundial metido a educador” (Montevideo, 1997); “Reflexiones generales sobre la Educación y sus tensiones” (Montevideo: 2003); “Réplica de un maestro agredido” (Montevideo, 2005); “Lecciones de un Maestro” (Uruguay, 2009); “Rastrojos” (Montevideo, 2019), y la antología de CLACSO, coordinada por Marcia Rivera y Marta Demarchi, publicada en 2014 con el título “Miguel Soler Roca. Educación, resistencia y esperanza”.
Hasta sus últimos días el Maestro Miguel Soler continuó trabajando, intercambiando con sus compañeros y compañeras del Grupo de Reflexión sobre Educación (GRE), revisando sus documentos y textos inéditos, preparando un nuevo libro. Con su partida, el Uruguay despide a uno de sus grandes educadores, el Magisterio a uno de sus principales referentes, la FUM a un compañero incondicional y nuestra sociedad en su conjunto a un incansable luchador por los derechos humanos, la memoria y la justicia. A un referente ético e intelectual que nos enseñó con su sabiduría y también con su ejemplo, como primero aprendió de niño, como luego aprendió a enseñar. Su obra ya es un legado del que abrevarán las nuevas generaciones para afirmar, una y otra vez, pese toda adversidad, la causa de la educación del pueblo y la justicia social.

 

Fuente: Portal Universidad de la República. Disponible en: https://udelar.edu.uy/portal/2021/05/udelar-recuerda-al-maestro-miguel-soler-roca/