Respecto a los antecedentes de este proyecto, Mombrú recordó que el Instituto de Higiene de la Udelar realizaba producción de vacunas en nuestro país. En un momento de cambio tecnológico muy importante en la década de 1980, las autoridades de aquel momento decidieron no seguir invirtiendo en la producción de vacunas con las modificaciones y tecnología de alto costo que había que incorporar, había «una corriente de adquirir tecnologías en el exterior».
Desde ese punto de vista, según Mombrú, la pandemia por Covid-19 ha demostrado que en algunas situaciones no alcanza con adquirir tecnología en el exterior, porque en una situación de pandemia todos los países del mundo necesitan las mismas tecnologías, generándose así «una escasez enorme de insumos, de reactivos, que hizo que nos diéramos cuenta que si no hubiéramos tenido una base científico tecnológica de importancia en el país, como la teníamos, que se pudo adaptar rápidamente a las necesidades del país en 2020, hubiéramos colapsado, no hubiéramos podido hacer hisopados, PCR, ni siquiera tener una medida de cómo íbamos como país en comparación con el mundo». Por esa razón, afirmó que se demostró que el país necesita desarrollar tecnologías propias; para futuras pandemias o problemas sanitarios globales, «es muy importante que el país cuente con infraestructura, con recursos humanos y capacidad como para hacer frente a la situación y poder salir adelante», sostuvo.
Explicó que si bien en nuestro país existen capacidades para desarrollar cierto segmento de la cadena de producción de vacunas, este nuevo instituto permitiría completar esa cadena, desde lo que sería la investigación básica en estas temáticas hasta la producción en escala piloto. Esto pondría a Uruguay en una posición muy ventajosa a la hora de realizar convenios con la región, con instituciones que se dedican en forma semejante a este tipo de actividades y también para la atracción de inversiones para realizar la producción masiva de vacunas, añadió. En ese sentido, «Uruguay pasa a ser un jugador del sistema, atractivo para inversiones, para poder hacer desarrollos, tanto en lo humano como a nivel veterinario, ya que implicaría la búsqueda de soluciones locales a problemas locales».
Asimismo, el decano destacó que Uruguay cuenta con una comunidad científica muy fuerte, desde el punto de vista de recursos humanos tiene investigadores de muy alto nivel, que son quienes participaron precisamente de la redacción del proyecto, y que a su vez tienen a su cargo la formación de más recursos humanos. También se cuenta con infraestructura de investigación para la realización parcial de determinadas áreas requeridas para esta temática. «Lo que nos permitiría el Instituto es hacer puentes en esos espacios vacíos, que posibiliten, por ejemplo, el acceso a licenciar como país determinadas vacunas que existan en el exterior, hacer evaluación de vacunas, completar todo lo que se requiere para poder poner vacunas de calidad al servicio de la población, ya sea en lo sanitario o en lo veterinario», explicó.
Financiamiento requerido
La primera etapa del proyecto es muy austera, requiere fondos no significativos pero que permitirán diseñar el futuro instituto: qué tecnologías adquirir y cómo especializarse. Ese tipo de diseño estudiará en profundidad lo que ocurre en la región e intentará adaptarlo a las características de nuestro país. De obtener el financiamiento en esta Rendición de Cuentas, ese será el camino a seguir en 2022 para ya en 2023 comenzar la construcción propiamente dicha y la adquisición de tecnología, sabiendo exactamente a dónde se apunta desde el punto de vista técnico.
Mombrú indicó que la producción masiva a nivel internacional es realizada por empresas privadas, porque los fondos para la instalación de una planta para producción a escala poblacional van por encima de la inversión que se está solicitando para este instituto. Por ejemplo, las vacunas de SARS-CoV-2 en Argentina son producidas por el laboratorio privado Richmond. «Sin duda se requiere que haya una inversión privada, la cual vendrá al país en la medida en que esté el campo fértil justamente por un Instituto de Vacunas de estas características, que le daría el soporte desde el punto de vista técnico y el apoyo suficiente desde el punto de vista institucional como para poder desarrollar su trabajo», agregó.
Udelar al servicio del país
Mombrú enfatizó que, en el tiempo que transcurrió desde el comienzo de la pandemia, la Udelar estuvo al servicio del país en los distintos aspectos en los cuales fue convocada, produciendo soluciones e incluso previniendo lo que iba a ocurrir. En ese marco, consideró que la propuesta que realiza la institución en este momento es un paso más en toda la cadena de trabajo al servicio del país. Recordó que la Universidad desde hace muchos años apoya al país en muchísimos aspectos productivos, sanitarios, y sociales, pero «nunca fue tan evidente como en 2020, la población nunca fue tan consciente como en esta emergencia sanitaria de que tiene una Universidad de la República dispuesta a trabajar por el país y con capacidad probada para hacerlo», afirmó.
Indicó que este nuevo instituto, «es sin lugar a dudas la culminación de un proceso en el que la Universidad entendió que el país necesita tener desarrollos de este tipo y en donde, a su vez, a nivel de la población y de los tomadores de decisiones, la situación es distinta desde el punto de vista de la sensibilización». Señaló que nuestro país tiene investigadores y científicos de muy alto nivel, pero además muy bien conectados en la región y a nivel internacional, y ese entramado científico internacional permite a un país poder desarrollarse en forma autónoma. «A nivel mundial el apoyo es estatal, ahí empiezan las conexiones virtuosas con empresas y desarrollos privados, pero el puntapié inicial lo tiene que dar el Estado, quien brinda las condiciones de desarrollo que el país necesita», concluyó Mombrú.
Fuente: Portal de la Udelar, disponible AQUÍ